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"Si dejas de aprender, dejas de enseñar" (Joan González)
2015/05/26
2015/05/25
CUANDO LOS RESULTADOS NO LO SON TODO
Es difícil entrar en la cabeza de un
entrenador. Muchos piensan que sus gestos, sus miradas son suficientes para
interpretarle, pero los que somos entrenadores sabemos que dentro nuestro, se
entremezclan muchas cosas que hacen que tomemos decisiones, que desde el
exterior son complejas de interpretar y mas que eso, pueden no entenderse.
Tener malos resultados casi siempre te
abocan al fracaso. A un entrenador normalmente se le juzga por eso, aunque es
verdad (y me alegro) de que haya excepciones en muchos clubes, apostando por un
modelo, un estilo, un trabajo en definitiva, que se mueva mas allá de los
valores de ganar o perder.
Pero cuando un entrenador hace un
resultado correcto, cuando se siente bien por el trabajo numérico realizado, se
da por hecho que la renovación será efectiva por parte de la directiva del
club, y por parte del mismo entrenador. Si una de éstas dos variantes no hace
ese camino, se malinterpreta, o no se entiende.
Dejar un club, renunciar a una propuesta
de un club, al que llevas en el corazón, decidir que has de irte y dejar un
staff técnico sobresaliente, un presidente que es amigo personal, una junta que
te ha apoyado en los momentos difíciles y unos jugadores que has convivido
nueve meses y que has hecho tuyos, es fácil preveer que la mayoría no podrán
comprender el alcance de esta decisión.
Ser entrenador, por mucho que algunos
quieran minimizarla, no es una tarea fácil. Se mueven muchos intangibles. Y en
mi caso en la UEMataró así ha sido. No ha sido fácil porque la UEM es un club con historia, y esa
historia (como decía un amigo entrenador) ha sido tan grande en el baloncesto
nacional y de la ciudad, que conlleva un peso continuo. Un peso invisible, pero
con cabezas visibles.
Ha sido un año complicado, pero me
siento “groc”, no he de negarlo, y este sentimiento nunca se me ha permitido
llevarlo con alegría, con la confianza que humildemente creo que merecía, aunque
no soy de Mataró, ni vivo en esta ciudad,
ni formo parte de...
Mi incapacidad de gestión de este
entorno, es tan importante como la capacidad de trabajo que se ha realizado por
parte de todos. Pero yo como Joan González, si necesito esta otra parte para
sentirme recompensado en mi labor como entrenador. Soy un romántico del baloncesto,
valoro las relaciones personales, y no sirve de nada entrenar y llevar un
equipo si cuando miras al frente, ves las espaldas.
Las sombras de este club son alargadas,
ni yo ni nadie las va a cambiar por que forman parte del paisaje. Y no tengo la
sensación de dar satisfacción a quien no ha respetado mi trabajo, o no me ha
querido nunca, ante esta decisión. Al contrario, estoy contento conmigo mismo,
porque a pesar de todo, a pesar de dejar un club al que quiero y le deseo lo
mejor, una vez mas sigo siendo honesto conmigo y con el baloncesto, tomando la
decisión con la cabeza y no con el corazón, aunque eso si, con la tristeza de
ver que la pelota naranja, que tanto persigo, tiene poco que ver en eso
Un abrazo al presidente y amigo Joan Ventura y a su junta, a Romero por sus
“pizzas”, a Oscar Jordá, a Marc Batlle, a Patxi, por su lealtad, a todos los
jugadores del senior A, que tanto han luchado,
a aquellos jugadores del B que
nos han ayudado, a jugadores del júnior, a la familia Castellvi por su fidelidad,
a los niños y niñas de este club por su sonrisa y ánimos constantes, al Sr.
Puig por apreciarme tanto y por sus consejos. A los conserjes del Palau Mora,
por hacerme la vida fácil en los entrenamientos.
Si claro, me dejo a alguien...Solo
faltaría!!!
Hasta siempre familia de la UEM.
2015/04/17
EL ENTRENADOR Y LAS RELACIONES DE VESTUARIO
Generalmente cuando hablamos del
trabajo del entrenador, lo hacemos desde un punto de vista mas visible. Es
decir, aquel que puede ser evaluado directamente desde su exterior. La puesta
en escena de los jugadores de su equipo, como defienden, como atacan, etc. son
lo que reflejan su entrenador para lo bueno y para lo malo. Son los directivos,
espectadores, incluso “colegas”, los que emiten el juicio en función de lo que
ven en un parquet.
Es ahí donde realmente la
gente ve el plato cocinado, su presencia, su contenido y textura. No importa
que ha pasado en la cocina. Si se ha quemado un plato y hay que repetirlo, si
otro ha quedado crudo y hay que ponerlo mas en el fuego, etc...Lo realmente
importante es que cuando los jugadores salgan de “su cocina”, den de buen comer
a su público.
Realmente...¿No importa la
cocina?...¿Qué importancia tiene lo que pasa en un vestuario?
Me gustaría profundizar en la evaluación interna. La que
te haces tu mismo, tus jugadores y tus compañeros de trabajo (staf). Esa
evaluación interna empieza por ti mismo y se alarga hasta el santuario de los
jugadores, y no lo digo en el sentido físico, (que algunos entrenadores
prefieren no pisarlo), sino que en este vestuario se cocina el éxito o el
fracaso, de tus ideas como entrenador. Este camino hasta la pista se puede
hacer muy largo a la vuelta y enfrentarte con la realidad de lo que sucede.
Es evidente que grandes
entrenadores, con grandes argumentos técnicos y tácticos, han fracasado en
diferentes equipos. En algunos de ellos el patrón del fracaso se evidencia en
su falta de “feeling” con el vestuario. Pero a mi esta palabra siempre me ha
generado dudas. ¿Qué quiere decir falta de “feeling”?.(Del verbo “feel”:
percepción, emoción, sentimiento). No me digan que “Feeling” significa química,
porque esto es otra cosa. Tendemos a simplificar las emociones, y nos quedamos
tan anchos cuando nos dicen que un entrenador no tiene feeling con su grupo de
jugadores o a la inversa. Esa palabra tan frívola, si se coloca mal, sirve
muchas veces para enmascarar muchas situaciones en una, y esa nos parece que
resume la problemática de un equipo con su entrenador.
Yo quiero concretar con:
-
Tu equipo y tu, debéis de dirigiros hacia el mismo objetivo, y ser
asumido por todos. Este punto blanco señalado sobre la oscuridad del futuro, ha
de ser vuestro guía.
-
Como entrenador has de tener en cuenta, los diferentes intereses, de
tus jugadores. Y es nuestra obligación encontrar puntos de unión en estos
diferentes intereses. Cada jugador se marca su punto blanco en esta oscuridad
del futuro, pero tu has de ser capaz, que el punto mas grande, que se marque
coincida con el pactado por todos vosotros.
-
Los que participan menos en este proyecto, los jugadores con menos
tiempo de juego, necesitan que este entrenador este a su lado, porque para
ellos es duro no poder sentirse partícipes directos, aunque si tienen su
participación activa.
-
Tu relación como entrenador con los lideres del equipo. Este trabajo
de equilibrio que has de realizar entre ellos y el resto, se me hace
imprescindible para el buen funcionamiento del grupo.
-
Tu relación con espacios personales... imprescindibles para conocer
realmente que le puede estar pasando a un jugador. El conocimiento del error
deportivo del jugador, por una situación personal desfavorable. Etc...
-
Convencer que el “olor del vestuario” y ya entienden que quiero decir
sobre esta frase, tenga esa sensación, que cuando entras en la cocina sabes que
le queda tiempo de cocción, y tu y sólo tu, eres quien ha de aumentar el fuego
o no, en función de esta sensación, (ahora si química!!) que te despierta este vestuario.
Mi conclusión es que como
entrenador, tienes mas trabajo dentro
que fuera. Y además este trabajo es mas difícil, por que hay que dar con la
tecla adecuada, y cada año es distinta. Es un trabajo poco reconocido y
valorado porque es invisible a los demás.
Nos pensamos que arreglamos
las cosas en la pista, con nuestros entrenamientos directos, con nuestros
sistemas, nuestra metodología de trabajo, nuestros scouts. Y realmente esta es
una parte muy importante del trabajo diario. Pero hay una cosa muy a tener en
cuenta. Los jugadores tienen corazón. Y me refiero básicamente a su estado
anímico. Una buena predisposición, una buena motivación, hace multiplicar por
tres los exponenciales de un jugador. Entonces, porque olvidamos el vestuario?
Yo creo que es por miedo. Miedo a enfrentarse a situaciones que nos sabemos
controlar y/o nos cuesta manejar. Miedo quizás, a ver tus limitaciones más allá
de una pizarra táctica. Preferimos encontrarnos en la pista donde ahí nos
sentimos seguros, pero que curiosamente es donde afloran las inseguridades de
nuestros jugadores, esos que después les pediremos que rindan un 100%.
Los problemas se reflejan
en la pista, sino has sido capaz antes de revisar “el plato que va al comedor”.
Desde mi punto de vista,
“ese interior”, es donde empieza el trabajo de un entrenador. Hay que ser valiente. Afrontar las situaciones y
“cocinarlas”. Después ya se pondrán la camiseta del partido y saldrán todos
bien uniformados y elegantes, igual que su entrenador con la pizarra, (si
queréis), los scouts y dispuestos a comeros el mundo en la pista, con la
seguridad que hay transmitir. Pero antes hay que ensuciarse, y quemarse. Sin
este paso, todo es estética, y ya sabemos donde lleva esta fase... a continuas
operaciones hasta que se desdibuja tu equipo y aparece la expresión del fracaso.
2015/03/11
LOS JUGADORES QUE SON ENTRENADORES, LOS ENTRENADORES QUE SON JUGADORES
Son
muchos los jugadores que les gusta hacer de entrenador en equipos de
formación y algunos entrenadores que también tienen la faceta de jugador..parece lo mismo, pero
desde mi punto de vista no lo es..
Los
entrenadores que también dedican parte de su tiempo a hacer de jugadores, creo
que hasta cierto punto son capaces de mejorar
como jugadores, en concepción de espacios, en la lectura de situaciones,
etc. Esto les hace ser mas críticos con sus compañeros. Ven el juego de manera
diferente, porque están aplicando una visión de entrenador al juego de su
equipo, aunque a veces olvidan que este equipo ya tiene su entrenador. Ellos,
tal vez, harían las cosas diferentes si fueran el entrenador, pero les digo que
su visión es desde dentro del campo, y normalmente, cuando retrasas la vista
hacia atrás, coges perspectiva y ángulo de visión, y eso modifica tu manera de
ver el partido, y condiciona también tu dirección de partido.
No
es una situación fácil y es complicado encontrar el equilibrio entre una faceta
y otra...Deben cambiar de “chip” y situarse en el plano que les corresponde,
porque sino, hay el peligro de no hacer
bien ni una cosa ni la otra, o que entren en conflicto, entre lo que piensas
como entrenador y lo que tienes que hacer como jugador.
Para
mi es diferente cuando un jugador hace de entrenador. Yo creo que ahí tiene una
cierta ventaja, respecto a entrenadores
que no han sido jugadores. En un momento determinado puede entender las
reacciones o situaciones que pasan dentro del parquet. Yo creo que ahí si que
puede aplicar su experiencia como jugador, aunque eso si, manteniendo su
criterio como entrenador. Muchos jugadores que se han hecho entrenador nos han
enseñado como han aplicado sus conocimientos (y no sólo en el baloncesto) en
beneficio del equipo.
Pero,
esta doble faceta, ¿Hasta cuando es posible? Yo creo que hay un momento que uno
tiene que decidir que es lo que le gusta
hacer y donde puede aportar mas. No en todos los casos el hecho de ser
entrenador serás mejor jugador, ni siendo jugador serás mejor entrenador.
En mi caso cuando jugué en Junior
preferente de La Salle Bonanova (que tenia equipo en primera división con
Atienza, Blanco, etc) en 1979, había jugadores como Freixenet, Collins,
Dosaula, Puig, Sala, etc...Yo no jugaba y no sin razón. No tenia la categoría
para jugar en este equipo. Pero las circunstancias llevaron a que me ficharan
sin apenas poder aportar nada. Mis largos minutos de banquillo, ese tan duro
cuando sabes que no juegas, me llevó a seguir el juego des de un punto de vista
diferente. En el 90% de los partidos ya sabia que no jugaría, y opté por no
revelarme ante esta situación y quise entender el juego tal como lo hacia mi
entrenador Miquel Ametlla, gran entrenador. Y claro al final cuando tu línea de
visión converge con la del entrenador,
te das cuenta de porque no juegas.
Así
hice dos cosas. Trabajé al máximo por mi compromiso como jugador, y desarrollé
la capacidad de intuir lo que pasaba en un partido, a base de observación con
distancia, como yo lo llamo.
Nunca
un banquillo tan duro como el que teníamos, ni la frialdad de mis compañeros
ante mi situación, pensé que seria el comienzo de lo que mas me gusta hacer,
que es entrenar.
Pero
antes he dicho que había que mantener un equilibrio, y siendo honesto con
vosotros, os diré que me dejó secuelas. Me propuse trabajar los equipos en un
contexto de grupo de trabajo sin excluir a nadie. Nunca he permitido que un
jugador de categoría inferior, que entrene en mi equipo, sea tratado diferente.
Nunca he permitido que el que no juega o sea mas joven, llevé el agua, o recoja
los balones, y nunca he permitido que los compañeros se rieran de una situación
de no juego de otro jugador, como a mi me pasó,
con el beneplácito del entrenador.
Ser
jugador te ha de servir para que si eres
entrenador, saber que quieres hacer, pero sobre todo, como quieres que no sea tu
equipo.
Aplica
como jugador a tu ser entrenador, y apórtate como entrenador tu experiencia
como jugador.
2015/02/14
2015/02/11
LA ÉTICA DE LOS TIEMPOS MUERTOS
Recientemente, (25 de
enero) a raíz de la solicitud de un
tiempo muerto a falta de 4 segundos para acabar el partido , del
entrenador Ibon Navarro, del Kutxa en
el partido jugado en Vitoria contra el Barça, me hizo reflexionar sobre la
ética entre los entrenadores respecto al “Time out”.
En este partido no estaba
en juego el basket-average, y me sorprendió que Ibon pidiera un tiempo muerto.
Al finalizar el partido Xavi Pascual le recriminó a su colega la necesidad de
pedir este tiempo.
En los periódicos cada uno
dijo lo que pensaba, y la prensa local llego a decir que Pascual tuvo una
actitud infantil ante este tiempo de Ibon Navarro.
Muchos de los que escriben
en blocs de baloncesto, he notado que han pasado por encima de este tema y no
le han dado mas importancia. Pero yo
creo que si la tiene.
Como decía el fallecido
Manel Comas, los entrenadores debemos tener un código ético no escrito para
determinadas situaciones. Vi ese partido entre Kutxa i el Barça, donde defensivamente
el equipo catalán estuvo muy flojo i el equipo Alabes estuvo muy acertado en el
ataque. Fue un partido para olvidar de los azulgrana, y al final vino la
estocada. Sin el basket-average en juego, perdiendo de 7 puntos, con balón a
favor de Kutxa, y Ibón pide el tiempo muerto a falta de 4”.
Intento ponerme en la piel
del entrenador local y pienso...¿Para qué este tiempo muerto? ¿ Qué quieres
conseguir?. Aún haciendo 2 o 3 puntos mas. ¿Eso es más importante que tu
relación con otro entrenador?
Y al contrario ¿Qué le dice
un entrenador a un equipo que hizo un desastre defensivamente ante la
construcción de la jugada del rival y la situación en la que se produjo? ¿Cómo
se siente él ante esta situación... cuando lo que quieres es irte rápido del
parquet y olvidar el partido.
Somos entrenadores, y
debemos pensar en nuestro equipo, eso es evidentemente, pero por delante de
esto hay unas normas no escritas que yo creo que se han de cumplir. Estamos
demasiado solos como para obviar, que debemos ser respetuosos e intentar no
hacer daño a nuestro colega del otro equipo.
Yo como entrenador he
tenido muchas ocasiones para pedir este tiempo muerto, y si, quizás piensas:
“me iría bien para preparar una estrategia final, que en otro partido me seria
útil”. Pero después rápidamente pienso en este entrenador del banquillo
contrario, que esta sufriendo por la derrota...y me digo a mi mismo, que es más
importante ahorrar-le a este entrenador, estos momentos de sufrimiento.
No sé si esto es
romanticismo. Y tampoco se si esto es aprobado por el resto de entrenadores.
Sólo se que este tiempo muerto a mi no me gustaría que me lo pidieran. Y en mis
clases de dirección de equipo digo: que sino es por un basquet-average, no veo
justificación a un tiempo muerto a 4” del final y con todo decidido, después
cada cual que actúe según su conciencia.
2015/01/12
"EL ENTORNO, ESE ENTRONO"
Los que llevamos años
entrenando, identificamos a aquellos entornos que al principio todo y
pareciendo agradables, se vuelven agrios con el devenir de algunas situaciones.
En una asignatura que doy a
los Entrenadores, siempre les comento que cuando entras en un club hay dos
cosas que has de tener en cuenta:
- “Que te queda un día menos para salir”, y es obvio. Pero esta frase intenta reflejar la importancia de saber que somos itinerantes.
- El directivo que te abraza el primero y te dice que bien que hayas venido, por que lo que estaba ocurriendo era impresentable, etc, Será el primero que dirá lo mismo de ti cuando a él no le convengas por muchos motivos, algunos de ellos, creedme, inexplicables y fuera del ámbito de la razón, si esto no se explica desde el egocentrismo.
Evidentemente, estos dos
puntos hay que situarlos en un contexto y no han de ser precisamente ciertos en
todos los casos, pero va bien para ser precavido y tener en cuenta que lo que
parece magnífico hoy, mañana puede no serlo. Y os lo dice un entrenador
enamoradizo con los entornos de los clubes
Hay entornos visibles (como
los padres y madres de los jugadores, los mismos jugadores...) y ante estos,
cada uno que escoja el camino que mejor crea oportuno. En formación hay
entrenadores que no tienen ninguna relación con los padres y otros que se van a
cenar después de los partidos, Yo tengo mi opinión al respecto, pero es difícil
aconsejar en esto, y forma parte también del recorrido vital que tiene que
hacer un entrenador.
Pero hay entornos
“invisibles”, y esos no quiere decir que no los veas. Están ahí, llevan años
labrando su cosecha y no van a permitir
que tu escojas las uvas, las exprimas y el vino que saques no sea el que ellos se
habían propuesto. No van a permitir que
tu digas que no vas a regar el cepo a diario sino a intermitencias. Ellos
siempre lo habían hecho así, y habían hecho vino. ¿Porqué vamos a cambiarlo
ahora?.
El entorno invisible, es el
mas desagradable, porque saben los entresijos de un club, saben sus grietas, y
lo mas importante, tienen alguna parcela de poder, y tu no tienes ese
conocimiento amplio del club, y cuesta distinguir quien esta a tu lado y quien
no.
Por lo tanto ante esta
situación, hay que conservar la calma. Hacer la triple T (que decía el Sr.
Golobart en La Vanguardia). Trabajar, trabajar, trabajar. Después ser empatico,
relacionar-se lo justo, y abstenerse de valorar situaciones ajenas a tu equipo,
y si son del tuyo... hacerlo con una persona de confianza.
Algunos les parecerá
exagerada esta propuesta. Pero entrenadores, nosotros debemos entrenar, y
controlar lo que podemos y debemos controlar. Lo demás si intentas dominar esta
situación, entras en estados de obsesión, que conducen a la paranoia, donde
piensas que hay una persecución hacia ti. Y claro esto al final afecta a tu triple
T.
Un entrenador, tanto da de formación o
no, tiene que estar seguro del trabajo que está haciendo. Tienes que marcarte
una línea y no alejarte demasiado de ella, no tienes que ser ni muy rígido ni
dar excesivas vueltas. Has de saber cual es tu objetivo. Imputs exteriores los
habrá siempre. Pero lo que distingue a un entrenador con criterio de otro que
no lo tenga, es aquel que estando abierto a aprender, tiene claro que
metodología aplicará, con los recursos disponibles y sobre todo con objetivos
realizables.
Si haciendo eso te echan, bienvenido
sea el despido. Lo realmente negativo para tu salud mental, como entrenador, es
que te despidan, siendo conciente que no has sabido seguir esta línea que te
habías trazado, y que nunca debiste abandonar, muy al contrario, ese entorno visible e invisible, hicieron
que tu regaras los cepos y ellos recogieran su cosecha de vino.
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